Fantástica noche de jueves santo (2ª parte)
Me llevó a un hotelucho cercano, nos subimos en el ascensor y me subió el vestido, me dijo que ya estaba bien de hacerme la niña buena y comenzó a lamerme las nalgas y a apretarmelas.
Llegamos al piso, me bajé el vestido y sin decir nada salimos del ascensor, recorrimos un pasillito y entramos a la habitación, estaba todo oscuro, no veía nada al principio.
Luego vi unas sábanas de seda negras, me empujó hacia la cama y me dijo:
-¿Querías duro zorra?
-Sí.
-Pues de ahora en adelante ten cuidado con lo que me pides.
Me asustó un poco pero pensé que perro ladrador poco mordedor. Sacó un pañuelo y me tapó los ojos, me desnudó y lo sentí salir de la habitación. Enseguida volvió, me dió un beso con los labios helados y supuse que tenía hielo cerca, pasó suavemente el hielo por mis pezones para luego pasar su boca ardiendo, el contraste de sensaciones me iba a matar...
Me tenía como quería, a su merced. Estuvo jugando un rato con mi cuerpo y yo jugué con el suyo lo que me dejaba.
Me metió el pene en la boca y comenzó a follarmela rapidamente, pretendía ahogarme pero lo que no esperaba era que yo supiese manejar la situación, se la chupé como él quería y me llenó la boca de leche mientras me pegaba en la cara, me la tragué toda y como recompensa me destapó los ojos.
Lamió todo mi cuerpo menos mi vagina, me desesperaba pero me dijo que si me movía no me lo comía así que me estuve quietecita. En mi vida me había comido el coño con tanta suavidad y tanta pasión, lo llenaba de saliva y pasaba suavemente la lengua por el, hasta que sentí que iba a llegar al orgasmo y le agarré fuertemente la cabez y la apreté contra mi caliente coño.
Me dijo que había sido suficientemente blando, me agarró, me puso a cuatro patas y me folló sin contemplación, fue impresionante, lancé un gemido y empezó a darme más duro aún, me pegaba en el culo y me decía que era una puta.
Me sacó la polla, me la metió por el culo con un poco de dificultad y me folló el ano mientras me escupía, me decía que le daba asco y me pegaba mientras yo me masturbaba. Le decía que era un hijo de puta y más duro me daba, a veces me dolía pero era el dolor más placentero del mundo y me encantaba. Me llamó guarra, puta, cochina, me dijo que le daba asco y que apartir de ahora me follaría cuanto quisiese.
Exploté en un segundo orgasmo increible y al oirme gemir y correrme explotó él también, llenándome el ano de leche que goteaba al inclinarme...
Nos acostamos rendidos (y yo un poco dolorida), me besó dulcemente en la frente y me dijo que era la puta más sabrosa que había probado nunca. Nos dejamos dormir y al día siguiente me marché bien temprano.

eros dijo
Una gran alternativa a verstirse de Nazareno!
24 Abril 2006 | 12:20 PM